ZONA MACO 2026 — Parte I: Forma y estructura
Esta primera parte examina Zona Maco desde una perspectiva estructural y descriptiva: su origen, consolidación como iniciativa privada orientada al mercado, escala internacional, organización interna, diversidad de propuestas y dinámicas de funcionamiento. La segunda parte abordará la problematización de sus implicaciones sociales, políticas y económicas, así como la hegemonía del mercado en la configuración del valor, la legitimidad y las narrativas dentro del campo artístico.
2/27/20264 min read
La Semana del Arte en la Ciudad de México concentra, en un mismo periodo, ferias, galerías, museos y exposiciones. Durante esos días, la ciudad reorganiza su ritmo en torno a un circuito donde el arte contemporáneo circula como obra, objeto de consumo y dispositivo económico.
Asisto a la Semana del Arte desde 2024. En 2026 decidí visitar por primera vez dos de las ferias de mayor visibilidad mediática: Zona Maco y Salón ACME. Este texto se concentra en Zona Maco y se divide en dos partes. Esta primera sección propone una revisión objetiva de su forma: contexto histórico, escala, estructura espacial, distribución de secciones y funcionamiento general. La segunda parte abordará la polémica que la rodea y problematizará sus implicaciones sociales, políticas, económicas y la hegemonía en el mercado.
Zona Maco fue fundada en 2002 por Zélika García como evolución de la feria Muestra, que se realizó en Monterrey durante los años noventa. Su propósito fue insertar a la Ciudad de México en el circuito internacional del arte contemporáneo, conectando galerías latinoamericanas con mercados globales. En un contexto donde el mercado local era reducido, la feria introdujo estándares profesionales de selección, montaje y participación extranjera. Desde su origen operó como iniciativa privada orientada al mercado. El nombre no responde a una categoría conceptual: “MACO” proviene de México Arte Contemporáneo, denominación original de la feria.
En 2026 celebró su vigésima quinta edición en el Centro Citibanamex, al poniente de la ciudad, en la zona del Hipódromo de las Américas. El recinto, diseñado para exposiciones y convenciones de gran escala, condiciona la experiencia: pabellones amplios, iluminación uniforme y circulación lineal por pasillos modulares.
La edición 2026 reunió más de 228 galerías provenientes de 26 países, organizadas en plataformas simultáneas —Arte Contemporáneo y sus subdivisiones, Diseño, Foto, Salón del Anticuario y Libros—, lo que confirma su escala internacional. Diversos reportes de la semana del arte señalan que participaron más de 200 artistas seleccionados entre más de tres mil propuestas, cifra que permite dimensionar el volumen creativo presente en la feria.
La distribución espacial refuerza esa magnitud. El recorrido se asemeja a una cuadrícula definida por pasillos que se entrecruzan, donde cada stand funciona como unidad autónoma dentro de un sistema homogéneo. Pintura, fotografía, escultura, instalación y obra digital conviven bajo la misma lógica modular. La acumulación visual es constante: obra tras obra, galería tras galería, en un flujo continuo que privilegia visibilidad inmediata y tránsito eficiente. La diversidad en los formatos y técnicas articulan un ecosistema artístico que permite realmente una experiencia estética al espectador.
Piezas de gran formato que construyen paisajes e ilusiones ópticas a partir de cientos y miles de pedazos de madera como las obras de Bongsang Yoo. O el universo onírico en la plástica de Verónica Palmieri. La ironía conceptual y lúdica en las fotografías de Karina Aguilera Skvirsky. El misterio que ocultan las fotografías de Kelly Ledezma Ayal. Los paisajes fotográficos en movimiento sobre textiles de Ana González. La poética fotográfica en las imágenes de Jessie Chaney y Chema Madoz. El ojo estético y teatral de Jean François Bouchard en sus fotografías de Cuba. El universo impresionante de las fotos superpuestas e interconectadas de Shai Kremer. La ingeniosa manera de ocultar imágenes sobre imágenes de Lucía Tovallá. Las pinturas glicheadas e interrumpidas de Fabián Ugalde, entre cientos y cientos de artistas que propusieron diversas formas de mirar, sentir y expresarse a través del arte. Asimismo, fue grato encontrar obra de Yolanda Andrade, Luvia Lazo y Graciela Iturbide.
Además del recorrido por los stands, la edición 2026 incluyó un Programa de Conversaciones integrado a la estructura de la feria. Estas pláticas se llevaron a cabo dentro del propio recinto y estuvieron abiertas al público con el boleto general. El formato consistió en diálogos y paneles con artistas, curadores, representantes institucionales y patrocinadores. De este modo, se amplió la experiencia más allá de la exhibición comercial y se reforzó la dimensión discursiva que acompaña al evento. En la sección de Diseño también estuvo presente la Universidad Iberoamericana (IBERO), cuyos estudiantes del programa de Diseño de Productos y Experiencias presentaron proyectos dentro del área correspondiente.
En paralelo, Forbes México lanzó una edición especial de su línea editorial dedicada al arte, con un número exclusivo enfocado en Zona Maco y portadas protagonizadas por obras de artistas visuales latinoamericanos. Esta colaboración evidenció la articulación entre mercado del arte, medios de negocios y posicionamiento cultural durante la semana del evento.
Como estructura, Zona Maco funciona con precisión logística. A grandes rasgos, es una feria de arte bien lograda bajo la lógica de sus principios y valores económicos y materiales; está planeada, organizada y estructurada, cumple con sus objetivos y alcances y sostiene un nivel de calidad y rigurosidad claro y visible.
Queda entonces otra serie de preguntas: ¿qué estructuras de poder sostienen una feria de tal magnitud? ¿Qué aparatos hegemónicos se activan dentro de la lógica del mercado del arte? ¿Qué narrativas son validadas y cuáles quedan fuera? ¿Quién decide lo visible, lo coleccionable y lo legitimable? ¿De qué manera el precio incide en la construcción del valor cultural? ¿Cómo se negocia la tensión entre discurso crítico y viabilidad comercial? ¿Qué tipos de artistas pueden sostenerse dentro de este sistema y cuáles quedan estructuralmente desplazados? ¿La feria amplía el campo artístico o lo reorganiza bajo criterios de rentabilidad?
Estas interrogantes no corresponden ya a la descripción de la feria, sino a su problematización. De ello tratará la segunda parte de este texto.